martes, 20 de noviembre de 2012

La Mente de los Padres / Kosho Uchiyama


En el capítulo anterior he hablado de la Gran Mente, gracias a la cual todo aquello que encontramos se convierte en nuestra vida, apenas abandonamos el modo ordinario de considerar las cosas. Generalmente creamos un mundo opuesto al Si Mismo, y por tanto buscamos apropiarnos, de ese mundo, la mayor riqueza, poder y felicidad posible. Cuando nuestro sistema de vivir se pone de acuerdo con elbudhadharma ni construimos ya un mundo contrapuesto a aquel que consideramos el “si mismo”. En cambio comprendemos que el mundo entero es el verdadero Si Mismo. Esta es la vía del dharma. Puesto que no hay ya un “otro” del que depender ya no tenemos necesidad de dejarnos influenciar por alguien o algo que creamos existente fuera de nosotros mismos, ni deseamos las cosas que proyectamos al exterior.

En el Suttānipata existe un fragmento que: “No depositar las esperanzas sobre los otros significa permanecer impasibles”. Aquí encontramos encontramos la verdadera paz mental. Según la tradición cuando Shakyamuni alcanzó la iluminación total dijo: “He alcanzado la Vía simultáneamente al mundo entero y a todos los seres sensibles. Cada cosa, las montañas, los ríos, los arboles, todo ha alcanzado la Budeidad”.

El similar siguiente fragmento está extraído del Sutra del loto: “Los “tres mundos” me pertenecen y todos los seres sensibles que viven en ellos son mis hijos”. En otras palabras, la Gran Mente, en cuento consciencia de que el mundo entero es el verdadero Si Mismo propio, es el fundamento del budhadharma.

Sawaki Rōshi solía recurrir a la expresión: “vive el Si Mismo que colma el entero Universo”. Cuando consideramos los términos “universo, “mundo” , o “todos los seres sensibles”, creemos que debemos meditar sobre nuestra consciencia que se expande en algún vasto espacio, como un globo lleno de aire. Pero no es esto lo que intentaba decir el rōshi. La vida tiene que que tomar la forma de la actividad misma del vivir, el Tenzo Kyōkun nos enseña como el Si Mismo que incluye todo el mundo es tan solo las cosas, los hombres y las situaciones mismas que en el presente continuamente encontramos y conocemos, y nos ayuda a descubrir nuestra vida a través de de esas cosas y, por contra a verter en ellas todo nuestro ardor. “Después [de poseer estos ingredientes] el tiene que manejarlos con cuidado, como si fuesen sus mismos ojos” y “Día y noche, dejad que todas las cosas entren y residan en vuestra mente. Haced que vuestra mente [Si Mismo] y todas las cosas actúen juntas como un todo”.

Por tanto, la Gran Mente no es una cuestión de meditar sobre una cierta dimensión grandiosa, fluctuante, espacial. Más bien es la práctica de dedicar totalmente vuestra vida a cada singular cosa que encontréis, cualquiera que esta sea.

El verano pasado un profesor universitario vino a estar aquí, en Antaiji. Ahora bien, cualquiera que se encuentra aquí, sea un profesor universitario o el presidente de una gran empresa, es solo un practicante como todos los otros. Aquel hombre rechazaba trabajar con los otros, y cuando todos trabajaban en el jardín o acarreaban leña, se iba a cualquier lado a leer un libro. Sostenía que no sabia hacer en absoluto los trabajos manuales y que la lectura había sido su trabajo.

Le explique claramente que para nosotros la lectura no era un trabajo. Nosotros cultivábamos berenjenas o acarreábamos leña con la fatiga física de nuestro cuerpo. Leer no ayuda a las plantas a crecer, ni acarrea la leña. La lectura es lectura y el trabajo es trabajo.

Finalmente se decidió a escoger el trabajo más fácil que pudo encontrar; barrer las hojas a lo largo del sendero del templo y recogerlas en un gran montón para quemarlas. Pase casualmente cerca del puesto que había elegido a tal fin y, ni siquiera haciéndolo adrede, estaba bajo el seto de las camelias. Las flores se habían vuelto marrones por el calor y el humo. Le hice apagar el fuego inmediatamente; pero, en suma, era un tipo que, mientras el juego le ardía bajo la nariz ni siquiera podía ver donde iban el calor y el humo. Puedo imaginarme precisamente a todos los profesores intelectuales como él que no son capaces de afrontar decididamente al desafío y a la inteligencia de los estudiantes de hoy.

El Zen es considerado a menudo un estado mental en el que os identificáis con el ambiente. Una expresión dice que la mente y el ambiente son una única cosa. La iluminación es entendida como un caer en trance en algún estado mental estático donde los fenómenos exteriores se convierte en un única cosa con el propio Si Mismo. Sin embargo, si tal estado mental fuese el espíritu del Zen, para alcanzarlo deberíamos permanecer externamente inmóviles. Para tal objetivo deberíamos tener a nuestra disposición mucho tiempo libre, sin las preocupaciones de como procurarnos la comida siguiente. Esto, en efecto, querría decir que el Zen no tiene ninguna relación con que estemos obligado a dedicar gran parte del tiempo y de las energías solo a ganar con que vivir.

El zazen como religión verdadera no puede ser considerado el hoby de ricos y acomodados. La característica maravillosa de la práctica del zazen de Dōgen Zenji consiste en ser una religión que debe operar concretamente en la vida cotidiana propia. Él ha elegido enseñar a través de las funciones del tenzo, que consideraba indispensable en una comunidad budista y por que requiere un trabajo físico, por que creía que el zazen como religión no es nunca privilegio de quién quiere abandonarse en un estado mental estático.

La expresión “La mente y el ambiente son una única cosa” es exacta, pero no significa extraviarse en un estado de ebriedad estática. Más bien significa dedicar toda la energía al trabajo. Este esto y es también el sentido de shikan.

(continúa)


«Dice un viejo proverbio: “considerad la olla como vuestra cabeza, considerar el agua como vuestra sangre”». Otro fragmento, pocos párrafos antes, dice: «Limpios los palillos, los cucharones y todo los demás instrumentos, manéjalos con el mismo cuidado y consciencia, devolviendo cada cosa a su lugar natural».

“Manéjalos con el mismo cuidado y consciencia” es importantísimo. En otras palabras, cuando trabajáis con un utensilio debéis devolverlo a su sitio cuando halláis terminado de usarlo, y no simplemente dejarlo por ahí. Cuando depositáis una olla de mala forma, sacudiéndola contra el fregadero de cemento o de cerámica, ella grita del dolor. Si no sois todavía capaces de oír ese grito, no se puede decir que seáis hombres que manifiestan zazen en la propia vida cotidiana.

Naturalmente esto no se refiere únicamente a los utensilios y a los objetos, sino que sirve igualmente para las situaciones y las personas, No se puede ciertamente decir que tenga una actitud religiosa quién trata una taza con cuidado, casi con devoción, solo porque es cara, de la misma forma no la muestra para nada quién trata rudamente a la gente. Debemos esforzarnos siempre en tratar los objetos, nuestras cosas, y en particular a las personas, con gran cuidado. Cuando comenzamos a comprender que cada encuentro nuestro constituye nuestra vida, tal mente o actitud comienza espontáneamente a trabajar como la mente de los padres hacia todo aquello que encontramos.

“Rōshin es la mente o la actitud de los padres. Como los padres cuidan a su único hijo, tened en mente los Tres Tesoros. Los padres, despreocupándose de la pobreza o las circunstancias difíciles, aman y crían con cuidado al niño. ¿cuan profundo es su amor? Solo un padre lo puede entender. Los padres protegen a los hijos del frío y los resguardan del sol ardiente sin preocuparse del bienestar personal propio. Solo lo puede entender quién haya desarrollado esa mente, y solo lo puede comprender plenamente quién haya convertido tal actitud en una segunda naturaleza. Eso es fundamental en el ser padre. Del mismo modo, cuando toquéis el agua, el arroz, o cualquier otra cosa, debéis tener el cuidado amoroso y solícito de los padres que crían a su hijo”

Los hombres tratan las cosas rudamente y son duros hacía los demás sobre todo por que piensan tan solo en aquello que es ventajoso para si mismos, o bien por que no quieren dedicar toda la propia energía a su trabajo.

Las casas prefabricadas que hoy crecen por todas partes en Japón parecen bellas durante un par de años, pero después adquieren el aspecto de gallineros. Los constructores piensan solo en el propio beneficio. En ellos no existe rastro del considerar el propio trabajo como un padre ve a su hijo.

Por otra parte, existe aquella expresión grandiosa de los burócratas japoneses: “Nuestro jefe es el estado”. Aquellos funcionarios estatales que trabajan en los ministerios reciben sin tardanza su salario mensual, se les gratifica y, si trabajan suficiente tiempo, la liquidación además de la pensión mensual. Puesto que no tienen la necesidad acuciante de cómo procurarse la siguiente comida, se vuelven completamente estúpidos y tienen muy poco deseo de ser útiles al público. Trabajan metidos en libros y acumulan sus asignaciones. Quizás sea precavido por que no haya desarrollado nunca un trabajo con sueldo fijo. En mi vida adulta he vivido del takuhatsu (mendicidad) con una sensación de urgencia constante. Por ello, cuando tropiezo con los burócrata y con la particular actitud burocrática que prevalece en mi país, me molesta mucho.

Si aquellos funcionarios públicos pensasen de verdad que su vida vale algo, considerarían naturalmente a su trabajo como a su propio “hijo”, olvidarían las molestias personales, y se esforzarían en ayudar a aquellos que a ellos se dirigen. Esta es mi opinión, y si vosotros lectores sois funcionarios públicos distintos de aquellos que he descrito, naturalmente está muy bien. En efecto, todos esperan que hayan funcionarios escrupulosos con su trabajo. Descubriremos el verdadero significado de la vida propia dedicando enteramente nuestro ardor a todas las circunstancias y las personas que encontremos, tal como nos dedicamos a nuestros hijos.

Aunque al amar a un niño, no quiero decir que tengamos que favorecer continuamente todos sus caprichos. Vivir con la Mente de los Padres significa también ser prudentes y conscientes de las necesidades reales del niño, de otra forma los sofocaremos con un amor ciego. El Tenzo Kyōkun nos instruye detalladamente sobre el funcionamiento activo de tal mente o actitud.

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