lunes, 25 de junio de 2012

La Experiencia de una Sangha (Grupo fraterno)

Si para vaciar una taza hay que volcar el contenido, para recibir el Vacío y estar entrenados en la nada imparcial, es indispensable mantener la mente vacía de intereses personales. Nada más justo que soltar, dejar caer, dejar atrás, abandonar los contenidos. Este es el obstáculo para percibir la Talidad, las cosas Tal como son, el Así de las cosas. “Realización” no es otra cosa que experimentación del propio cuerpo mente en lo real y para eso el intento está en la práctica continuada del Dar.

Dar qué, dar cuánto, dar a quién? Da y olvida. Da hasta que no te duela. Mientras duela hay apego, no hay liberación. Hay Zen cuando se ve el dolor y la ausencia de dolor. El cultivo es largo y difícil.
El fruto emerge solo…



Pero qué dar? El Dharma es ilimitado, la Mente es ilimitada, la Sangha es ilimitada. Se puede dar de todo: tiempo, pensamientos, sentimientos, hechos. Podemos dar nuestra ignorancia y nuestra sabiduría, lo que tengamos y con oportunidad. Sin discriminaciones convencionales.

Budas, Instructores, Maestros y Monjes Bodhisattvas dan todo desde el primer momento. Todo está en cada gesto, mota de polvo, palabra, mirada, contacto, cualquier objeto, roce, abrazo, realiza la Transmisión.
Cosas que te han regalado, que has hecho con tus manos. Cosas “con valor” y sin valor. Podemos dar ayuda, comprensión, compasión, una patada, tirar un jarro de agua, una manzana en la cabeza, un empujón…una poesía,  una piedra, una hoja recogida del suelo. Todo es bello cuando se da con el corazón porque es desinteresado, porque es así, Verdad.

Démonos cuenta que cuando llegamos a la sangha poco podemos dar que no sea ignorancia, arrogancia, despiste, impuntualidad, rigidez, prejuicios, lugares comunes, inseguridad, gracias sin gracia, defectos, manías, yo soy así, esto me gusta y esto no, debilidad de carácter, regateo de esfuerzo, astucia ingenua, en suma…egoísmo. Hemos de darnos cuenta también que todo es aceptado de antemano porque se trata de “nuestros champiñones nada menos” a practicar. Es la oportunidad de utilizarlo y reciclarlo pasándolo por uno mismo y pasado a ser espejo, enseñanza: el arduo ejercicio para los que van delante, de la paciencia, el control, la compasión, la tolerancia, la flexibilidad, el agradecimiento que dicta: “ trátales como a Budas que no conocen”.

Tal como es el Ego del otro, así es el mío de excluyente y posesivo en su automatismo. Aunque no existe algo llamado Yo o Ego, aunque sea una superestructura hecha de la costumbre, una falsa unidad subjetiva y biográfica que utiliza la energía que tratamos de liberar.

Pasado cierto tiempo, damos el esfuerzo de la comunicación sincera, el apego a nuestras maneras, la buena disposición, cierta energía, firmeza, resolución en algunos casos. Pero todavía falta mucho para ver a la sangha como una prolongación, un complemento de uno mismo, como un ser orgánico (...)

Por no haber prisa, los años de practica pasan, a veces mortesinos, a veces pujantes, otras silenciosos e intensos, otras no sabemos, otras parece que no hubiera sangha.



No tener claro del todo que dar a la sangha, que soltar, que cambiar, que aflojar, forma parte de la contestación al motivo por el que aparecen los Budas. Ayudarnos a reconocerlo forma parte de la ignorancia. Se hará donación de aquello que la lucidez, la Luz de la práctica descubra. Cada área reservada, cada área defendida, de esperanzas, ilusiones, costumbres y el correspondiente apego a las mismas.

La practica actua por si, poniendo luz, lucidez, conciencia de ello. Luego viene la practica de compartirlo impersonalmente… Luego intentar el abandono momento a momento, disolviendo la pequeña mente en la mente sin limites por el zazen sentado, de pie o cotidiano. No hay apego que no desaparezca en el vacío de la mente.

Cuando la conciencia se libera de esa área, los sentimientos, sensaciones, pensamientos, conducta son libres, nuevos, directos, no traducido a palabras son..adecuados, ajustados, verdaderos es decir sin nombre “los del momento” no previstos. "Frescos como por primera vez vividos” asi “evoluciona” la actualización de la conciencia, extendiéndose a toda la estructura, unificado mente cuerpo en todas las direcciones hasta grados de entrega y abandono del yo mundano, intensos y profundos “los ojos horizontales, la nariz vertical” dijo Dogen al ser interrogado acerca de lo que traía de China.

En la sangha hay un tiempo en el que no se habla sino que se escucha, otro en el que se habla no por tener lengua sino porque hay algo que compartir, por lo tanto se habla de lo descubierto, transformado, novedoso, logrado. Tarda en llegar el momento en el que sin seleccionar ni discriminar se comparten las equivocaciones, recaidas, errores, automatismos, apegos. El siguiente paso no conlleva juicios sobre uno mismo sino olvido. Este ya es un ego evolucionado que se nutre de meditación.

La sangha empuja, estimula, asiste, da la oportunidad, circunstancia y lugar, protege, enseña y ofrece hasta lo desconocido, lo incomprensible.


Dar a la sangha, tiene relación con lo que quiero, lo que no quiero, lo que no puedo, lo que si puedo, lo que sé y lo que no sé. Pero más allá todavía de esto aun está el porque si y el porque no. Y mas allá aún, queda lo que no quiero, ni no quiero, ni sé ni no sé, ni puedo ni no puedo, ni porque si ni porque no. Y todavía podríamos buscar más ángulos por lo que los budistas utilizamos la expresión “más allá del más allá” ...Allí donde no hay racionalidad, lógica lineal, dialéctica, tercero incluido, etc...

Donde la tabla termina y no hay agarre posible, referencia ni previsión es donde empieza el “más allá del mas allá”…

Zen. La experiencia de una sangha.
Contado por monjas y monjes.
Colección Daidoji.

NdR.:
Agradecemos a Alicia Yaz que compartió este texto en Facebook. Agradecemos a todos y cada uno de los compañeros de práctica de zazen, sin ellos el camino tal vez fuera imposible.

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