domingo, 27 de mayo de 2012

Conocerse a uno mismo - Iluminar las ilusiones / Maestro Roland Yuno Rech


Vamos hablar de “aprender a conocerse a uno mismo”, como subtítulo iluminar las ilusiones.

Creo que esto está en el corazón de nuestra práctica. Como hilo conductor, he elegido la celebre frase de Dogen, en el Genjo Koan, que dice : “Estudiar el Dharma de Buda es estudiarse a uno mismo. Estudiarse a sí mismo, es olvidarse de uno mismo. Olvidarse de uno mismo, es ser certificado por todas las existencias del cosmos. Ser certificado por todas las existencias del cosmos, es despojarse del apego al cuerpo y a la mente, abandonar, dhatsu raku, cuerpo y mente. Abandonar el apego al cuerpo y a la mente. Al mismo tiempo, esto ayuda a los otros a desapegarse de su propio cuerpo y mente”.
 
La frase de Dogen es: “Despojarse a sí mismo y despojar a los otros” lo que quiere decir que es algo simultáneo. Y termina, este pequeño párrafo diciendo: Es abandonar toda huella de despertar”. Y este despertar, inconsciente, continúa eternamente en la vida cotidiana.

Pero, ¿cómo ocurre? ¿Cómo se realiza en nuestra práctica? Cuando nos sentamos en zazen, nos sentamos cara a la pared. No estamos contemplando el mundo exterior. Tenemos la mirada vuelta hacia el interior. Y se dice, que es aprender a conocerse a uno mismo. Pero de hecho, cuando volvemos la mirada hacia el interior, no es un “sí” el que encontramos, no hay algo como un uno mismo que encontremos en la práctica de zazen.

A veces decimos que es estudiar el ego, pero cuando hacemos zazen y nos miramos a nosotros mismos, no vemos ego ¿Qué pasa en zazen ? Tomamos contacto con nuestro propio cuerpo, nos concentramos en la postura del cuerpo y aprendemos a conocernos, a hacernos íntimos con nuestro propio cuerpo. Podemos sentir, por ejemplo, que en función de nuestros pensamientos, de nuestras emociones, nuestros hombros se tensionan, se ponen tensos, en función de nuestro karma reciente o más antiguo, podemos tener dolores que aparecen en la espalda, cuando tenemos la impresión de llevar cosas pesadas en la vida, muchas cargas, responsabilidades. Observar nuestro propio cuerpo nos enseña sobre nuestro estado, nos enseña para ver como estamos, cómo somos en nuestro cuerpo, y esto se continúa en la vida cotidiana. En la vida cotidiana podemos observar constantemente la interacción entre los que pasa en nuestros contactos con los otros y lo que ocurre en nuestro cuerpo. Cómo el miedo, la agresividad, el odio, se inscriben en el cuerpo. Como, a veces, nuestros apegos nos cortan el aliento. Aprendemos, de la misma forma, a corregirlo. Como decía a menudo el maestro Deshimaru, a volver a una condición más normal del cuerpo.
 
Si queremos dominar el miedo, por ejemplo, en primer lugar, tenemos que ser conscientes de que tenemos miedo. Si el miedo es inconsciente, no podemos hacer nada. Pero cuando el miedo está aquí, no sirve absolutamente de nada querer controlarlo diciendo: "no hay que tener miedo" Si nos concentramos en la espiración y relajamos los hombros, por esta consciencia del cuerpo aprendemos a corregir esta emoción, y esto, permite corregir su espíritu, esto permite corregir nuestra propia mente. Por ejemplo, la mente combativa, la mente que odia, a través de la atención al cuerpo.

Pero más profundamente la práctica de zazen, es hacer realidad "lo que es nuestro cuerpo".  En el fondo, fundamentalmente, y ver que este cuerpo no nos pertenece, que no es un ego, que no es un sí ; que en el momento de nuestro nacimiento son dos células que se unen. Estas células se han multiplicado, se han desarrollado gracias a la interacción con el entorno. Y después aprendemos a hablar, a decir “yo,” y después aprendemos a decir “eso es mi cuerpo” evidentemente, e identificar ese cuerpo olvidando que ese cuerpo es de hecho una parcela del cosmos.

Tomar conciencia de ello a través de la práctica de zazen, dónde precisamente empujando el cielo con la cabeza, la tierra con las rodillas, realizamos verdaderamente esta unión entre el mundo de abajo en el que estamos apoyados y todo el cosmos. (continúa)

Creo, que esto cambia profundamente nuestro estado de consciencia y nos permite sentir que formamos parte de la naturaleza y desarrollar una consciencia ecológica. Así pues, es un aspecto muy importante que aporta la práctica del zen en relación al problema del mundo moderno. Es cambiar completamente la perspectiva de nosotros mismos frente al cosmos.

Como el cuerpo está a menudo considerado una fuente de deseos, que a la vez se convierte en fuente de apegos, a menudo queremos dominar el cuerpo y rebajarlo. Por ejemplo, incluso el mismo Buda, en el sutra de Satipatana, decía : Estudiar el cuerpo es como abrir un saco o despiezar un animal y descubrir que está hecho de huesos, de carne, de detritus, de caca, de mocos, etc.” Al principio, incluso había aconsejado a sus discípulos meditar en los cementerios para tomar consciencia que, ese cuerpo también va a ser un cadáver podrido. Y que así, no hay ego en ese cuerpo, es algo que se transforma y que se convierte en un cadáver y polvo. El fin es llegar al desapego, a la liberación, datsu raku, en relación al apego del cuerpo.

Un día que un grupo de discípulos practicaban esta meditación, hubo un cierto número entre ellos que se quedaron muy deprimidos y se suicidaron. Cuando Buda se dio cuenta de esto, desaconsejo continuar este tipo de meditación y aconsejó practicar zazen concentrándose en la respiración. Tomando verdaderamente la respiración como base, soporte para la atención y la concentración.

El punto importante es que, para llegar a comprenderse a uno mismo más profundamente, hay que llegar a que el estado de espíritu sea un estado de claridad, de concentración suficiente. Hace falta un soporte para que el espíritu se convierta en un espejo, sea como un espejo y permita vernos a nosotros mismos y percibir nuestra relación con el mundo de una forma, que no esté condicionada por nuestras opiniones, nuestros deseos y nuestros apegos. Para ello, la mejor práctica es la que hacemos en zazen, es decir, concentración en la postura y sobre todo en la respiración. La concentración en la respiración puede continuar en nuestra vida cotidiana, de forma que clarifique nuestra mente.

Cuando continuamos esta observación de nosotros mismos, descubrimos otras cosas. Nunca un sí, pero descubrimos, por ejemplo, que tenemos sensaciones. Por ejemplo ahora me siento bien, o en otro momento tengo dolor, me siento mal, tengo ganas de parar el zazen, tengo ganas de irme, es incómodo. Podemos observar que, nuestra mente trata continuamente de agarrarse a lo que ama y rechazar lo que no ama. Esto no es fácil de resolver porque así parece que está inscrito en nuestros genes, en nuestras células. Siempre decimos que no hay ego, que no hay un “sí,” pero los biólogos hablan de un “sí” biológico, es decir, por ejemplo, nuestros linfocitos deben observar constantemente, seleccionar lo que tiene que ser integrado en el cuerpo y lo que tiene que ser rechazado. Es el trabajo del sistema inmunitario.

Así pues, esta actitud es verdaderamente fundamental, que prácticamente condiciona todos nuestros apegos, de coger lo que amamos, lo que nos parece bueno y rechazar lo que no amamos, está enraizada muy profundamente. Llegar al final de eso no es fácil. Sin embargo, de esto se trata nuestra práctica.
El primer verso del Shin Jin Mei describe exactamente de que trata nuestra práctica de zazen. “Penetrar la vía no es difícil, no hace falta ni amor, en el sentido de avidez, ni odio, ni elección ni rechazo” .

Cuando practicamos zazen, de hecho observamos lo que pasa. Observamos que, hay efectivamente esta tendencia a querer tomar y rechazar, deseo y odio. Creo, que no hace falta querer rechazar esto. Es también, otra frase verdaderamente maravillosa de Dogen cuando dice : “Aunque ames la flores, se marchitan ; aunque odies las malas hierbas, crecen”. Pero esto también es nuestra última realidad, es verdaderamente nuestro genjo-koan.

Practicar zazen, no es luchar contra el espíritu que quiere rechazar o el que quiere coger, es reconocer que está ahí y no apegarse a ello.

Dogen, poco antes de morir mirando la luna, mientras estaba enfermo y casi moribundo, escribió este pequeño poema diciendo : Me gustaría volver a ver la luna el otoño próximo. Pero está noche, ¿por qué me impide dormir? No estaba sin deseos, deseaba volver a ver esa luna de otoño, porque amaba la luna de otoño.

Creo que conocerse a uno mismo, es, reconocer esto, es tener humildad de reconocer que tenemos esa propensión a querer conservar lo que amamos y a rechazar lo que no amamos. Aceptarlo es importante. A partir de aquí, puede haber un proceso de desapego reconociendo el apego. El apego llega hasta amar el nirvana, hasta querer la salud, querer el satori, querer la iluminación y detestar la ilusión. Si estamos en esta actitud que es natural, debemos reconocerla. Si practicamos zazen, estamos motivados por el hecho de iluminarnos. Hay que comenzar por reconocerlo humildemente: “Sí, deseo el despertar,” no decir “Yo, yo soy un mushotoku, yo no busco el despertar,” sino “Deseo del Despertar, por supuesto y con eso, práctico, lo acepto”.

Y a partir del momento en que lo aceptamos, podemos ir más allá. Ver que está ahí y, no dejarnos condicionar por ello. Volver a la concentración en la postura, en la espiración y dejar pasar, incluso, ese deseo del despertar, pero no ilusionarnos a nosotros mismos. Como escribía el maestro Deshimaru en los makumozo kyosaku, es no apegarse a una condición especial, no creer haber alcanzado una condición especial, pero también, no imaginarse que uno es mushotoku y seguir el zen que es mushotoku, el zazen.
Sean los que sean las sensaciones que tenemos, no hay ninguna sustancia fija, es la impermanencia constante.

Ni el que siente el dolor, el placer, tampoco puede asirlo. Hay dolor, hay placer, hay deseo pero, ¿quién desea ? Yo, pero “yo” no puedo asir yo. _ Hay deseo, pero ¿quién ? ¿quién ? Esto es nuestro koan en la práctica : no atrapar.

Después están las percepciones.

En zazen, por ejemplo, no cerramos los ojos, los ojos están abiertos y quedamos completamente en contacto con el mundo alrededor de nosotros. Estamos en contacto con nuestras percepciones interiores pero, lo que podemos observar cuando nos observamos a nosotros mismos, es que estas percepciones están constantemente teñidas por nuestras sensaciones, nuestras preferencias, nuestros prejuicios, nuestros miedos.

Por ello, cuando encontramos a alguien es tan difícil ver la persona tal cual es, acogerla tal como se presenta delante de nosotros, tal como es. Desde que encontramos a esta persona enseguida, nuestras proyecciones empiezan a funcionar, los recuerdos que tenemos de ella, los deseos, las esperanzas que podemos tener cara a ella, los miedos. Incluso, cuando miramos la luna, si estamos enamorados, la luna es hermosa, pero si estamos de duelo, la luna es triste. Sin embargo, la luna no es ni alegre ni triste.

Percibimos el mundo a través de nuestro espíritu. Zazen nos permite reconocerlo, estar más atentos a como ocurre esto en nuestra vida, de forma de evitar estos fenómenos mientras sea posible. Creo, que esto puede evitar grandes conflictos, malentendidos en las relaciones humanas, evitar proyectar lo que está en nosotros frente a los otros, para los otros. Generalmente lo que ocurre, si observamos bien es que, detestamos en los otros lo que no queremos aceptar en nosotros mismos, lo que no queremos reconocer en nosotros mismos, lo que hemos reprimido. Así pues, iluminada nuestra ilusión, es iluminar nuestros propios apegos, esto, ayuda justamente, a no proyectarlos en los otros.

En relación a la paz, por ejemplo, ¿cómo crear un mundo apacible, una comunidad tranquila, una familia apacible ? Es, mirarnos a nosotros mismos y ver como llevamos en nosotros la semilla de todos los conflictos, de la intolerancia, del odio, de la hostilidad, de los celos.

Kodo Sawaki decía : “Es quitarse las gafas coloreadas del karma”. En primer lugar, empezar a ver que tenemos estas gafas de colores constantemente. Cuando nos miramos a nosotros mismos, lo que encontramos son deseos, necesidades, voluntad, todo lo que nos lleva a actuar es lo que provoca el karma y, sobre todo, nuestras motivaciones. Es importe tomar consciencia de lo que me hace actuar en cada instante. El maestro Deshimaru decía : “Si veis que vuestras motivaciones son egoístas, entonces más vale que os abstengáis”.

Buda, a propósito de la atención, invitaba a sus discípulos a reflexionar, es decir, a observar su mente antes de actuar.

Si veis que vais a actuar con un mal espíritu, con un espíritu egoísta, vengador, agresivo, abandónalo, no actuéis. En la vida cotidiana es difícil detenerse, mientras que en zazen todo se detiene finalmente.
Una de las claves de zazen es no moverse. Aprender a no moverse quiere decir, no dejarse arrastrar por su karma, por lo que es la fuente del karma. Aprender la libertad, actuar libremente, luego seguir la consciencia. Tenemos consciencia de todo esto. A menudo, tenemos tendencia a considerar la consciencia como el “si,” el que hace la síntesis, pero de hecho, la consciencia siempre es consciencia de algo. La consciencia no existe por ella misma, la consciencia no permanece en el mismo estado un solo instante.

A propósito de la consciencia, hay una celebre historia de Tozan, cuando pasa por un puente y ve su imagen reflejarse en el agua y dice : “Esta imagen, este reflejo en el agua soy yo.Evidentemente no es la imagen de ningún otro, pero al mismo tiempo añade : Pero yo no soy ése. Yo no soy esta imagen. “Es decir, esta imagen me envía lo que me constituye, mi cuerpo, mis sensaciones, mis percepciones, no de ningún otro, pero yo no soy eso, porque este yo es inasible, es ilimitado, no puede identificarse con la imagen de un cuerpo, “Ese yo” es lo que no se puede conocer.

La respuesta de Bodhidarma al emperador que le pregunta : ¿Quién eres ? ¿quién eres tú que estás enfrente de mí ? Y responde : “Fu shiki, yo no sé, no tengo consciencia.”

Finalmente, la última etapa de este conocimiento de uno mismo es, “yo no puedo asir algo como un si, yo no puedo tampoco saberlo”.

Podemos hacernos íntimos con todos los procesos que nos habitan, que forman nuestro yo relativo, nuestra personalidad. Tenemos necesidad de esta identidad. Si no tenemos este sentido de identidad nos volvemos esquizofrénicos, y nos llevan a un hospital psiquiátrico.

La mente ordinaria, es la mente que se identifica únicamente con esto y que dice : “Yo soy un persona que tiene un cuerpo como éste, que le gusta esto, que no le gusta lo otro,” se identifica con eso pensando que ahí hay un “yo.” Todo lo que Buda trató de hacer después, desde el origen de su enseñanza, fue permitir a los seres humanos desapegarse, desembarazarse de esta identificación.

En un sutra que da en el origen de su enseñanza y que se llama “La causa original,” habla de esto, dice : “Construimos nociones, nos identificamos con las nociones, nos apegamos a las nociones y comienza todo el ciclo del sufrimiento.”

Entonces, en cierto sentido, es peligroso creer que uno se conoce a sí mismo. Puede reforzar justamente este espíritu posesivo y este espíritu que quiere afirmarse oponiéndose y diferenciándose de los otros.
Es verdad que, por ejemplo en el mundo actual, hay esta tendencia a buscar una identidad a través de la identificación con los grupos. Se le llama a esto comunitarismo. Por ejemplo, vamos a decir, “mi país,” “mi clase social,” “mi religión,” “mi shanga,” podemos llegar a este punto e identificarnos, y hacer de ello una ilusión, identificarnos con un grupo, “mi zen,” identificarnos de nuevo con una noción y, a partir de ahí, surgen todos los conflictos.

Verdaderamente, conocerse a uno mismo es olvidarse de uno mismo, es decir, abandonar esta creencia que podemos identificar algo y que “uno mismo” es con lo que nos identificamos. Por ejemplo, identificarnos con lo que nació, en el momento de nuestro nacimiento, creer que está en ese momento es un “yo,” es yo quien ha nacido, y que irremediablemente está condenado a muerte.

Lo que Buda trató de realizar es el estado más allá del nacimiento y de la muerte, es lo que se llama nirvana. Es decir, más allá de la identificación de un “yo” que pretende haber nacido y que deberá morir.
Es, realizar el sentido de nuestra total interdependencia con todo el universo, donde todo se transforma constantemente, pero donde nada nace, donde nada muere verdaderamente. Si realizamos esto, podemos sentir solidaridad con todos los seres, todos los seres están en este proceso.

Es lo que nos es lo más común, nuestra experiencia más íntima, la más profunda. Creo que es lo que puede ser la fuente de la compasión, la fuente del respeto, la fuente de la ética. Iluminar las propias ilusiones, no ilusionarnos con la iluminación, dice Dogen.


2 comentarios:

Elías dijo...

Hola. Muy interesante el contenido del blog. Resulta muy reconfortante encontrarse con este tipo de temas y con la forma como se les da manejo. Muchas gracias.

Ku dijo...

Elias: Gracias por pasar y por su gentíl comentario. Aquí estamos, haciendo lo que hacemos, lo mejor que podemos cada vez...

La casa es suya, recorrala a gusto.

Gasshô