sábado, 10 de diciembre de 2011

Thich Nhat Hanh

Traer la mente a casa, estar presente

EGO

Thich Nhat Hanh, maestro Zen nacido en Vietnam Central el 11 de Octubre de 1926, monje budista desde hace más de cuatro décadas y activista por la Paz, nominado para el Premio Nobel por ese motivo. Refugiado político en Francia desde 1972, por su combate pacífico, empezado durante la guerra de Vietnam

En Vietnam Fundó la Escuela de la Juventud para los Servicios Sociales, la Universidad Budista de Vanh Hanh, la editorial Le Boi Press y la Orden del Interser. Enseñó en la Universidad de Columbia y la Sorbona. En 1967 Fue nominado por Martin Luther King para el Premio Nobel de la Paz.

Actualmente vive en Francia, en una comunidad de enseñanza Budista llamada Plum Village fundada en 1982, cercana a Burdeos. Viaja constantemente por el mundo dando enseñanzas y conferencias y ayudando a los refugiados. Ha escrito más de 60 libros en inglés, francés y vietnamita. Algunos han sido traducidos al español. Sus textos y conferencias se centran a menudo en la necesidad de transmitir a la acción cotidiana y social una intención profunda de amor surgido de una atención consciente. (Ver más)

lunes, 5 de diciembre de 2011

Horarios de Verano

Todos los Martes 20 Hs.
Todos los Jueves 20 Hs.
LLEGAR CON ANTICIPACIÖN
Moreno 3346 - Mar del Plata

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Sesshin - Práctica / Ryunan Bustamante Zenji

Los que vivimos en la gran ciudad solemos tener la fantasía de que en la montaña o en el campo la vida   es más apacible y silenciosa. Evidentemente es una fantasía. Porque allí donde vamos, vamos con nuestras cuestiones, nuestras ilusiones, con nuestros miedos y ansiedades. Y mientras pongamos el problema fuera de nosotros no habrá solución.

El maestro Kodo Sawaki decía: “Los hombres sufren porque piensan que el tesoro está siempre dentro de una caja fuerte”.

Siempre tendemos a creer que hay alguna cosa ahí afuera, más allá, que podrá aportarnos felicidad. También solemos pensar que el enemigo está allá afuera, en los otros. Que es aquel, el vecino, el que me perturba.

Una Sesshin es la oportunidad para mirar en la propia naturaleza. Para dejar de alimentar fantasías e ilusiones. Mirar en la propia naturaleza y observar sin opción es terminar con todas las fantasías e ilusiones.

Todo lo que necesitas está en ti. La solución a todos tus problemas está en ti. Y entonces, la posibilidad de quedarnos quietos y silenciosos nos permite hacer esa observación.

La práctica de zazen es el corazón, la esencia de nuestra práctica. Pero también el samu es práctica. Salir a correr en la mañana es práctica. Comer es práctica. Lavar los cuencos es práctica.

Cada instante es una oportunidad para estar con nosotros mismos, para compartir con los otros este instante. Y al mismo tiempo observar cada gesto, cada momento, cada situación.
Hay una buena atmósfera aquí ahora.

Constantemente en nuestro espíritu anhelamos la paz. Pero no podemos luchar para conseguir la paz, porque precisamente la paz aparece sola y por sí misma cuando dejamos de luchar.

Aquí ahora podemos soltar las tensiones innecesarias. Abandonarnos completamente a este único hacer.

El maestro Dogen dice en uno de sus principios: “Vivir sobriamente y no apegarse a la comida ni a los vestidos”.

Aquí ahora, aunque sea por unos días, podemos vivir sobriamente. Sin malgastar nuestro tiempo. Sin perturbar la atmósfera ni la naturaleza. Sentarnos sobriamente, comer sobriamente, dormir sobriamente. Porque después cuando volvamos a nuestra familia, a nuestro trabajo, a nuestro círculo, algo de todo esto queda en nuestra médula, en nuestras células. Y se transporta y se transmite.

Normalmente deberíamos comer para alimentar nuestro cuerpo, para sostener nuestra salud. Vestirnos para abrigarnos, para protegernos del frío.

Pero no pocas veces solemos comer por gula y vestirnos para adornarnos. No hay nada de malo en ir a un buen restaurante, pedir un buen vino, una buena comida. No hay nada de malo en comprarse el último modelo en zapatillas. Pero en la medida en que nos corremos de esta sobriedad abrimos la puerta al sufrimiento.

Una de las cosas que me atrajo de esta práctica es su sencillez, su sobriedad y su simpleza. Vida simple, vida zen. El gesto justo en cada momento. Y entonces el gesto justo se transforma en la acción correcta. No abrigarse de más, no abrigarse de menos; no comer de más, no comer de menos; no dormir de más, no dormir de menos...

Estar con los otros, con el grupo, sin ser absorbidos por la masa. Estar con los otros sin perder el ojo que mira en la propia naturaleza. Porque, si bien cada uno de nosotros es diferente, los otros no están separados de ti. Esencialmente todos tenemos los mismos problemas, los mismos dolores. Pueden manifestarse de formas diferentes y en diferentes partes del cuerpo o del espíritu, pero básicamente es lo mismo.
 
Esta es nuestra oportunidad.
Si vinimos con ilusiones es mejor dejarlas caer. Y simplemente quedarnos aquí en donde estamos ahora. Vivir y disfrutar completamente este momento. Sin prejuicios. Simplemente quedarnos aquí y dejar que la onda de la Sesshin nos transporte. Es la mejor forma de abandonar el egoísmo.

Los últimos años de su vida el maestro Kodo Sawaki vivió en un pequeño templo, en la montaña, que se llama Antai-ji. Finalmente estuvo muy enfermo, lo internaron y murió. Murió en 1965, por lo tanto es un maestro de nuestras generaciones, de nuestro tiempo. 

Cuando Sawaki murió, en ese Antai-ji hicieron una Sesshin de 49 días. Cuarenta y nueve días dedicados exclusivamente a zazen. Dedicados a estar en contacto con la propia naturaleza. Ese fue el mejor homenaje que se le puede hacer a un maestro. 

Porque ese fue el legado del maestro Sawaki: zazen por zazen. Nada especial, pero un gran regalo.

Aquí nosotros tenemos una Sesshin cada mes. No son muy largas. Tampoco son cortas y no matan a nadie. Pero con esto seguimos a los grandes maestros. Con esto abrimos la puerta a la oportunidad de tener una vida sobria, equilibrada y armoniosa. Y cuando se habla de equilibrio y armonía no se habla de una vida Walt Disney. Se habla de una vida donde se armonizan lo bueno y lo malo, lo lindo y lo feo, el sufrimiento y las alegrías. Dar un salto e ir más allá de todo esto.

Esta simplicidad de nuestra práctica la acerca a nuestra vida humana. Es muy simple y sencilla. Clara y simple como un vaso de agua. Requiere de nosotros tener sed. Y cada uno ha de beber con su propia boca, con su propio estómago.

Estos pocos días dedicados a la práctica es un gran regalo de los maestros. Tenemos que aprovecharlos y beber con esta boca, sentarnos con este cuerpo.

Sesshin (igual) Oportunidad. En la medida en que podamos aprovechar estas oportunidades, hacer este contacto esencial, nuestra vida presente y nuestra vida futura puede tomar un cariz completamente diferente.
(Se escuchan sonidos que llegan de una obra vecina)

El martillo, el clavo. ¿Quién produce el sonido?  El ave, en lo alto del árbol, no se molesta por la sierra eléctrica. No se molesta con nuestra presencia. Todo se armoniza perfectamente.

Mira en tu propia naturaleza.

En este instante la armonía aparece.
Deja de luchar.
Deja de resistir.
Simplemente suéltalo.

Estás aquí. Quédate aquí y no pienses que el tesoro está en una caja fuerte. El verdadero tesoro, la verdadera joya preciosa está aquí, exactamente aquí ahora. En ninguna otra parte.
Suéltalo.
Una respiración.
Suéltalo.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Busho Kapila / Sutra de las Comidas

Busho Kapila
Jodo Makada
Seppo Harana
Nyumetsu Kuchira
Nyorai oryoki
Gakkon toku futen
Ganku issai shu
Tosan rinku jaku.

Shinjin pashin biru shanofu
Enmon hoshin ru shanofu
senpai kashin Shakyamuni fu
Torai asan miruson fu
Jiho sanshi i shi fu
Daijin myo horenkagin
Daishin monju suribusa
Daian fuen busa
Daishi kanshi in busa
Shi son busa mokosa
Moko hoja horomi

Hitotsu ni wa, kono tasho wo hakari
Ka no rai sho wo hakaru
Futatsu ni wa, onorega tokugyo no
Zen ketto wo hakatte kuni ozu
Mitsu ni wa, shin wo fusegi toga wo hanareru kotowa
Tonto wo shutto su
Yotsu ni wa, masani ryoyaku wo koto to suruma
Gyoko wo ryozen ga tamenari
Itsutsu ni wa, jo do no tame no yueni
Ima kono jiki wo uku.

Jiten kijin shu
gokin suji kyu
suji hen jiho
Ishi kijin kyo

Jobun sambo  
shubun shion
Gekyu rokudo
Kaidoku yo

Ikkui dan issai aku
Nikui shu issai zen
Sankui do sho shu jo
Kaigu jo butsudo

Gashi sen bassui
Nyo ten kan romi
Seyo ki jinshu
Shitsu ryo tokubo u man
Onma kura sai sowaka

(Sigue la Traducción)

lunes, 24 de octubre de 2011

Iniciación y trasmisión en el budismo

Para entrar en el meollo del tema de hoy se necesita una breve introducción que aclare algunos puntos que, por diversas razones, tienen sus raíces en la cultura occidental. La primera es que el budismo no existe: ni en cuanto religión univoca, tipificada y simbólicamente determinada; ni en cuanto esencia religiosa expresable en el mundo de la comunicación, hecho de palabras escritas o habladas.

Veamos rápidamente estas dos afirmaciones aparentemente paradójicas.

1)El budismo no existe en cuanto religión unívoca, con formas culturales definidas, porque su característica es inculturarse profundamente en las transiciones históricas de un pueblo a otro. 

Hablando en términos muy generales durante los siglos pasados el cristianismo ha colaborado casi siempre en tierras de misiones con otras fuerzas culturales, comerciales o militares, para formar una cultura occidentalizante primero y después, en esta nueva cultura, superpuesta a la antigua que a menudo corría el riesgo de desaparecer, sus misioneros han inseminado el evangelio de Jesús de Nazaret.

De modo aun más acentuado en la religión islámica existe una relación de exclusividad, o de fuerte predilección, en relación con la cultura árabe, hasta el punto de que es difícil para alguien perteneciente al islam imaginar un islam europeo o americano en que se prescinda de su cultura de origen. 

El budismo está hecho al contrario de otra pasta, penetra profundamente en la cultura, trasformándola desde dentro y viviendo después en esa nueva forma. Esto significa que hay un budismo pero que nos encontramos siempre en presencia de “budismos”, cada uno de los cuales es legítimo y auténtico; pero lo es en su tierra, en su tiempo y en su ámbito cultural.

2)El segundo punto que he señalado es que el budismo tiene una estructura completamente a-dogmática, por lo que no hay ninguna afirmación, posición o doctrina que constituya una fe o una creencia común a todos los budismos.

El motivo de esta aparente anomalía es que el budismo nace como experiencia personal, vive como experiencia personal y se trasmite como experiencia personal, es decir, tiene un sentido que está en la vida de las personas y las palabras para expresar este sentido pueden cambiar porque no son el punto central. Una manera de decir lo mismo es que el budismo no es una de las religiones del libro.

Sin embargo, a pesar de ser así las cosas, se debe establecer un método por medio del cual sea posible identificar el budismo, aunque aparezca cada vez con una forma completamente diferente a la de sus orígenes. Para extender la red con la cual se pueda atrapar por un momento al pez que llamamos budismo se debe situar en su centro, en primer lugar, la motivación de base fundamental de esta religión, nacida en la India hace 2.500 años. En otras palabras, se debe responder a la pregunta: “¿Para qué sirve el budismo?”
 
El budismo es una enseñanza nacida sobre la base de una experiencia que se convirtió en testimonio. Y esta enseñanza se dirige a la disolución del dolor, de la incomodidad, presente intrínsecamente en la existencia humana. Dicho esto, que revela el plan de trabajo del budismo, veamos de que instrumentos se ha provisto esta enseñanza para lograr este objetivo.

Solo hay tres elementos que califican la enseñanza budista como tal:

1.Un comportamiento ético; basado sobre la benevolencia y la amigabilidad ante los seres vivos y toda la realidad.

2.Una práctica del cuerpo; al interior de la cual el espíritu y el cuerpo viven la experiencia de “no aferrarse”.

3.El desarrollo de un conciencia o visión – podemos decir también gnosis –; que permite ver que cualquier ser, cualquier cosa, cualquier fenómeno de este mundo no tiene una vida propia, individual; no vive por si mismo sino que es un ensamblaje de partes, compuestas a su vez de partes. Y esta situación, llamada pratītyasamutpāda en sánscrito, es la característica de toda la realidad fenoménica por la que todos los entes, en tanto que privados de fundamento e impermanentes, son esencialmente vacíos.

Repitamos, tres elementos: ética, gnosis y práctica del cuerpo.

Esta es la dotación mínima de todos los budistas para verdaderamente ser tales. Y esta dotación, además de necesaria, es suficiente para realizar todos los objetivos que se propone el budismo. Pero este escaso equipo se muestra insuficiente para satisfacer la exigencia de hacer, entender, creer, conjeturar, venerar, orar, comunicar, que acompañan al hombre religioso, o al alma humana hacia la conversión.

En época de la India, bastante tarde, fue propuesto por la escuela fenomenológica Yogācāra/Vijñānavāda hacerse cargo de la exigencia de satisfacer el intelecto del hombre religioso. Pero se trata de un caso único. Antes y después, en otros lugares, en contraste con las estratagemas parametafísicas de esa escuela, estas funciones han sido y son realizadas por la cultura de acogida. Así que cada budismo, en función de la familia cultural en la que ha sido criado, desarrolla formas de culto, ritos de pasaje, ritos iniciáticos, representaciones de fuerzas espirituales a las que invocar o de las que huir, incluso representaciones cifradas de la realidad sutil, personal y cósmica.

Sin embargo, como es evidente en las marcadas diferencias que se suceden en tiempos y áreas culturales diferentes, estos dispositivos no son sino un añadido provisional, sin ninguna forma vinculante que los determine como budismo; cada uno de ellos es tan solo un budismo y en tanto que tal tiene un nacimiento, un periodo de esplendor, de envejecimiento y de fin. Vacío e impermanencia describen la visión fundamental de la realidad mundana, podríamos decir un fondo sin fondo tan radical que ningún fenómeno puede escapar a él. Incluida la historia, y por ello también la historia del budismo.

De acuerdo con una lectura de la historia desde una óptica budista, no es posible determinar si la oruga es solo una oruga y la mariposa solo una mariposa, o si la oruga se convierte en mariposa, o si la mariposa es una ex-oruga. Por que – según el modo de ver las cosas que hemos definido como pratītyasamutpāda – en un sentido esencial, permanente, definitivo, no hay ni oruga ni mariposa, siendo ensamblajes provisionales que un día se disgregarán; y por que no hay nada que se pueda trasformar, nada que pueda tener una historia autónoma.

Pero solo por que la oruga no tiene existencia en sentido ontológico (es decir no tiene nada fijo, nada que la obstruya) entonces puede ser mañana mariposa. Así es también para la bellota y el roble, los gametos y el niño, el niño y el adulto. Para cualquier cosa. En el caso de la oruga, la mariposa no es idéntica a la oruga, ni a otra distinta a ella. En el caso del hombre, el adulto no es idéntico al niño, ni a otro distinto a él. Y este es el caso también del budismo y de su génesis en las distintas culturas: no es ni será distinto ni igual a aquel que lo ha generado.

Evidentemente, con una introducción como esta, se revela inútil hablar de los ritos de iniciación; no siendo otra cosa que interpretaciones locales, contingencias unidas a la supervivencia de un budismo u otro en esta o aquella cultura. Porque la parte sustancial de lo que llamamos iniciación no está ligada a formas ceremoniales o a determinados rituales, sino a su contenido y a su objetivo.

Dije que el equipo mínimo con el que se puede hablar de budismo se compone de tres elementos: la ética, la práctica del cuerpo y la conciencia. Esto significa que la identidad profunda del budismo se trasmite a través de estos tres elementos. Estos, en tanto que aparentemente simples y siendo, como dije, de naturaleza experiencial, requieren una secuencia, un contacto directo que pueda ser trasmitido de una generación a otra. He aquí identificado, por lo menos en los límites de la exposición de hoy, el sentido de la iniciación: una relación directa y prolongada con alguien más versado y en condiciones de mostrar en la vida cotidiana como vivir de acuerdo al budismo.

Intentaremos decir con las palabras exactas aquello que, como hemos dicho, se encuentra más allá de las palabras; por que pertenece a la vida y se encuentra estrecho, limitado, cuando se encuentra al interior de una exposición verbal.

Comencemos con la práctica del cuerpo.

El punto focal en el que todo se origina está identificado en el momento en el que Sakyamuni se convierte en el Buda, en el “Despierto”, o en “Alguien que ha entendido”, según otra posibibilidad de traducción de la palabra buda. Aclaramos que no es un despertar “de”, con la consiguiente salida de todos los sueños para entrar en una especie de realidad privada de sueños e ilusiones, distinta a aquella en las que cada uno de nosotros vive.

Tampoco el Buda es el que “ha entendido alguna cosa”, el contenido de un pensamiento de tipo conceptual o de una concatenación lógica, esto sería fácilmente enunciable y definible; por que en el momento en que se concibe “alguna cosa” como pensamiento es ya una forma reproducible al alcance de otras mentes.

El primer hecho a destacar es que antes, después y “en el momento” del despertar, el Buda estaba sentado. No paseaba absorto por el bosque, ni estaba concentrado en la lectura de un texto de la sabiduría. Este estar sentado es el punto culminante de la tradición precedente, justo cuando pasa el testigo al futuro. El despertar llega al interior de la forma base del Yoga/Dhyāna, que después en las distintas escuelas será denominada Chan/Zen/Zazen/Dogchen/Samatha Vipassana… o sea la forma de la meditación sentada.

Y este estar sentado no es ya a la manera de las tradiciones anteriores que lo habían producido, es decir una técnica para lograr algo: sea el conocimiento, la liberación del dolor, la purificación… pues este estar sentado es ya en si la forma del despertar. Al final de la noche, al palidecer la Estrella de la Mañana, se completa la identificación entre: 1) aquel que se sienta, 2) el estar sentado y 3) el despertar. Así que el primer punto de la trasmisión, o, si se prefiere, iniciación, es la forma global, completa, de estar sentado.

Traducción: Roberto Poveda 

domingo, 16 de octubre de 2011

Testigo II / Teisho


Maestro Ryûnan Bustamante Zenji
Sesshin otoño 2011 / Zendo Shorin


(Teisho: Charla formal del Maestro, que consiste en una presentación de la comprensión budista. A diferencia de un sermón o una lectura, que tienen un elemento didáctico, un teisho es una demostración directa de la visión del Maestro en el tema en cuestión. En términos zen, un teisho sale de las entrañas)

viernes, 14 de octubre de 2011

Teisho / Ryûnan Bustamante Zenji

TESTIGO.


 En este momento eres un testigo. Testigo de lo que está ocurriendo. Testigo de los hechos. No sólo en tu entorno inmediato sino también fuera de la habitación. Testigo de lo que ocurre en tu cuerpo y de lo que ocurre en tu espíritu.

Un testigo es un observador. Alguien que puede decir: “Sí, yo estuve ahí, fui testigo”.

La raíz de esa palabra proviene de “testículos”. Si tus testículos están aquí entonces tú estás aquí.

Cuando se dice testículos se puede decir también ovarios. O también se puede decir culo.

Si en este instante puedes sentir tu trasero en contacto con el zafu entonces verdaderamente estás aquí.

Porque suele ocurrir con bastante frecuencia que tu cuerpo está aquí pero tu mente está en otra parte divagando, ensoñando, fantaseando... entretenida con las imágenes que produce la mente. Entonces no eres un testigo porque no estás verdadera y completamente aquí.

No hay ningún problema en soñar. Algunas personas dicen: “Soñar es lindo”. Pero cuando se crea ilusión, junto con ella está la desilusión.

Cuando tu mente está en otra parte y tu cuerpo está aquí hay división y eso es el origen de todo sufrimiento.

Ser testigo es estar presente, atento. Y de eso se trata nuestra práctica. Todo consiste en estar atento porque cuando uno está atento no comete errores. Puede disfrutar completamente lo que le toca vivir en ese instante y testimoniar ese instante con el cuerpo y la mente.


Pero la atención no la podemos comprar en una tienda. No podemos abrir una cuenta de ahorro a nombre de la atención. O estamos atentos o estamos desatentos, distraídos. Cuando estamos distraídos y nos damos cuenta... inmediatamente nos ponemos atentos.

Darse cuenta de la distracción es devenir atentos.

Los maestros de la Transmisión, hombres sabios de antaño, crearon la estructura de nuestra práctica. Los distintos momentos de una Sesshin están ahí, pura y exclusivamente, para que tú puedas estar atento. No solamente aquí y ahora en tu postura sentada sino atento cuando comes, cuando haces el samu, cuando paseas por los alrededores, atento, atento, atento.

Cuando alguien de afuera, una autoridad, dice: “¡Atención!”, uno se pone atento. Pero no es tuyo, es algo que viene de afuera, de otro. La atención que nace de nuestro interior tiene otra luz. Es comprender que, hasta ese instante, hemos estado desatentos.

El instante de retornar al exacto lugar en donde uno se encuentra ahora, eso es atención. Eso es ser testigo.

Es por eso que se dice que tu presencia testimonia aquí y ahora el universo entero. Tu cuerpo no está separado del universo. Tu mente y tu cuerpo son, aquí y ahora, el universo entero.

En el Genjo Koan, escrito por el maestro Dogen, él dice:

“Estudiar la Vía del Buda es estudiarse a uno mismo.
Estudiarse uno mismo es observarse uno mismo.
Observarse uno mismo es olvidarse de uno mismo.
Olvidarse de uno mismo es ser testimoniado por todo el Universo”.

Desde nuestro origen, sin principio ni fin, somos buda. Somos uno con todos los seres, uno con el universo.

Pero la mayoría del tiempo no nos damos cuenta porque estamos envueltos en nuestro egoísmo. Es normal. Pero la estructura de zazen permite que este huevo egótico se disuelva y que devengamos presencia, testigo de este instante único, completo y total.


Olvidarse de uno mismo es ser testimoniado por todo el universo.
Todo el universo está testimoniando aquí y ahora tu presencia.
Porque tú, aquí y ahora, estás testimoniando a todo el universo.

Es por eso que se dice que la práctica de zazen es alcanzar nuestra dimensión más alta en tanto que seres humanos.

Seguir a las distintas facetas de nuestro ego, hoy azul, mañana verde, pasado rosa... Un día bien, otro mal, después más o menos, es también parte de nuestra condición humana. Las dolencias del cuerpo, las tristezas del espíritu son parte de nuestra condición humana. Pero en el instante de sentarnos en zazen podemos ir más allá. Abandonarlo todo y hacernos presencia. Olvidar verde, azul, colorado, lindo, bueno, feo, malo y simplemente sentarnos aquí. ¡Presentes! Uno con todos los seres. Dando testimonio de todo este universo, de todas las cosas.

Estudiar la Vía del Buda es estudiarse uno mismo, estudiarse uno mismo es observarse a uno mismo, observarse uno mismo es olvidarse de uno mismo, olvidarse de uno mismo es ser testimoniado por todo el universo.

Has tenido la suerte incomparable de nacer bajo la forma humana. Sé completamente humano: disfruta, complícate, sufre, llora, ríe. Si puedes hacer todo eso entonces está bien. Pero no pierdas tu tiempo. Cada vez que puedas siéntate. Siéntate junto a los otros, con la sangha. Siéntate porque en ese acto de sentarte alcanzas tu dimensión más alta. Y cuando alcanzas esta dimensión, después, tus humanos actos cotidianos se hacen menos torpes y sufrientes.

Si tú estás aquí quieto, silencioso, respirando tranquilamente, todo el universo cabe en este instante.

Testigo.

(Teisho: Charla formal del Maestro, que consiste en una presentación de la comprensión budista. A diferencia de un sermón o una lectura, que tienen un elemento didáctico, un teisho es una demostración directa de la visión del Maestro en el tema en cuestión. En términos zen, un teisho sale de las entrañas)

Sesshin Otoño 2011- Zendo Shorin

lunes, 3 de octubre de 2011

A ti, que has decidido ser Monje Zen

El lema para sobrevivir en este mundo es: ¡come o serás comido! Mira, si has decidido ser monje porque piensas que la vida es demasiado dura y amarga y prefieres vivir de las donaciones de la gente mientras bebes té – si quieres hacerte monje solo para ganarte la vida, entonces, las palabras que vienen a continuación no son para ti. Si continúas leyendo, has de saber que estas palabras están dirigidas a quienes, tras cuestionarse su vida, han despertado su mente para practicar la Vía de Buda y deciden hacerse monjes.

 Para alguien que ha despertado su mente y aspira a practicar la Vía, lo primero y más importante es encontrar un buen maestro y un buen lugar para la práctica. Antiguamente, los monjes practicantes se ponían sus sombreros y sandalias de paja y viajaban por todo el país en busca de un buen maestro y un lugar para practicar. Hoy en día es más fácil encontrar información y decidirse por el maestro y la comunidad adecuadas para cada uno.
 
Tampoco debes olvidar que practicar la Vía de Buda significa dejar de lado al “yo” y practicar el no-egocentrismo. Dejar de aferrarse al yo y practicar el no-egocentrismo es olvidarse de la regla de medir que siempre llevamos en el cerebro. Por eso tenemos que seguir las enseñanzas del maestro y las reglas del lugar al cual hemos decidido ser leales, sin preferencias individuales o juicios sobre lo que es bueno o malo. Es importante, primero, sentarse silenciosamente en un lugar por lo menos durante diez años. 

Si, por otro lado, empiezas a juzgar lo bueno y lo malo de tu maestro o del lugar donde practicas antes de que pasen estos primeros diez años, y empiezas a pensar que igual hay algún otro maestro o lugares mejores y te vas a buscarlos – entonces solo estás haciendo caso a la regla de medir de tu ego, que no tiene nada que ver con la práctica de la Vía de Buda. 

Desde el principio tienes que tener claro que tu maestro es perfecto: un maestro es simplemente un ser humano. Lo que es importante es tu propia práctica, que ha de consistir en seguir a tu maestro imperfecto lo más perfectamente posible. Si sigues a tu maestro de esta forma, entonces esta práctica es la base para seguirte a ti mismo. Por eso Dogen dice:
Seguir la Vía de Buda significa seguirte a ti mismo. (Genjo Koan) 

Seguir al maestro, seguir los sutras – todo esto significa seguirse a uno mismo. Lo sutras son una expresión de ti mismo. El maestro es TU maestro. Cuando viajas a lo largo y ancho para encontrar maestros, quiere decir que viajas a lo largo y ancho para encontrarte a ti mismo. Cuando arrancas cien malas hierbas, estás arrancándote a ti mismo cien veces. Cuando trepas diez mil árboles, te estás trepando a ti mismo diez mil veces. Entiende que cuando practicas de esta forma, te estás practicando a ti mismo. Practicando y entendiendo esto, dejarás de aferrarte a ti mismo y podrás conocerte por primera vez. (Gizo-zanmai) 

A menudo se dice que para practicar Zen es importante encontrar un maestro – pero en primer lugar ¿quién decide quien es un buen maestro? ¿No tomas esa decisión con la regla de medir de tus pensamientos (es decir: tu ego)? Mientras busques al maestro fuera de tu propia práctica, sólo agrandarás tu propio ego. El maestro no existe fuera de ti mismo: tu práctica de zazen, donde el yo llega a ser el yo, es el maestro. Esto decir, zazen sin realmente aferrarte a tus pensamientos. 

¿Quiere esto decir que puedes practicar zazen tú solo sin ningún maestro? No, en realidad no. El mismo Dogen Zenji dice en el Gizo-zanmai, a continuación de la cita anterior: 

Cuando aprendes que puedes conocerte a ti mismo y despertarte a ti mismo por tus propios medios, puede que llegues a la conclusión de que deberías practicar solo, hacer todo tu mismo, sin tener un maestro que te señale el camino. Es un gran error. Pensar que puedes liberarte a ti mismo sin maestro es una herejía que se remonta a la escuela de filosofía naturalista de la India.
 
Cuando practicas tú solo, sin un maestro, terminarás haciendo cualquier cosa que se te ocurra. Pero eso no tiene nada que ver con la práctica del budismo. Después de todo y en primer lugar, es absolutamente necesario encontrar un buen maestro y seguirle. Afortunadamente, todavía hay maestros en Japón que transmiten el Buddha-Dharma correctamente a través de la práctica de zazen. Sigue a ese maestro sin quejarte y siéntate durante al menos diez años. Después de estos diez años, siéntate otros diez años. Y después de estos 20 años, siéntate de nuevo durante diez años más – Si te sientas así durante treinta años, llegarás a un buen lugar desde donde contemplar el paisaje de zazen – y por tanto también, el paisaje de tu propia vida. Desde luego, esto no quiere decir que en ese punto termina tu práctica – la práctica siempre dura toda la vida.

Uchiyama Kôshô Rôshi
Texto extraído de la web del Templo Antaiji

NdR.: De corazón a corazón dedicamos este Texto a nuestro Maestro Ryùnan Bustamante Zenji

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Momentos del Sesshin de Primavera / Zendo Shorin

Práctica matutina
Recitación antes del desayuno

Ryûnan Bustamante Zenji / Zeizan Feijoo
Busho Kapila / Sutra de las Comidas
"...Para todas las existencias del universo,
que este alimento se ofrezca y se coma..."
Ordenación de Bodisatvas


 Fotos tomadas por El Monje José Yûrin Basalo / Zendo Shorin. A quién agradecemos afectuosamente

martes, 20 de septiembre de 2011

Sesshin sin juguetes / Kosho Uchiyama

En primer lugar me gustaría describir nuestros sesshin (retiros) en Antaiji y las experiencias que allí realizamos. Mi deseo es mostrar claramente nuestro zazen y nuestro comportamiento ante la vida.

Desde la muerte de mi maestro Kôdô Sawaki en 1965 he comenzado a organizar nuestros sesshin de la siguiente manera: cada sesshin dura cinco días, de viernes a martes, de tal forma que el primer domingo del mes está en medio. En febrero, cuando hace frío, y en agosto, cuando hace calor, no hay sesshin. En julio y en septiembre el sesshin no dura más que tres días.

Nuestro programa comporta zazen y kinhin (ejercicio "andando") y nada más, desde las cuatro de la mañana hasta las nueve de la noche.

Tomamos tres comidas al día y hacemos kinhin inmediatamente después de cada comida; luego hay un intervalo de poco más de treinta minutos para las necesidades personales.

Dos reglas caracterizan nuestros sesshin; primero, prohibición absoluta de hablar. No nos saludamos y no tenemos contactos unos con otros, tampoco recitamos sutras. Segundo, no utilizamos el kyosaku, que sirve para golpear en la espalda en caso de distracción o de somnolencia.

Incluso yo, el encargado del templo, me mantengo siempre cara al muro, sin observar el zazen de los demás.

Estas dos reglas son características de los sesshin de Antaiji. Cada cual, independientemente de los otros, debe controlar su propio zazen. Este tipo de sesshin es el resultado de mis distintas experiencias previas. Lo realizamos así desde 1965. Creo que es el mejor camino para poner en práctica lo que mi maestro Kôdô Sawaki rôshi expresaba así: "zazen es el Si mismo que construye el Si mismo con el Si mismo."

La razón de nuestro absoluto silencio durante cinco días se explica por el hecho de que, de esta manera, sin entrar en contacto con los otros, sin estar distraído por ellos, el hombre se convierte en ese Si mismo que no es nada más que eso. Al mismo tiempo el sesshin, con sus cinco días, se convierte en una única continuidad temporal de zazen sin interrumpir su ritmo.

La razón por la cual no empleamos el kyosaku es que así cada uno se convierte por entero en su propio y verdadero "Yo". Ya que zazen significa allí "dejar caer los pensamientos" y, cara al muro, no ser ninguna otra cosa que "si mismo", lo experimentamos como un tiempo interminable y terriblemente aburrido. Pero si el kyosaku pasar de uno a otro se convertiría en una especie de juguete y los participantes buscarían "jugar" con el. Por ejemplo, uno de los adeptos, tranquilamente sentado, viendo venir el kyosaku pensaría: "¡Observa bien mi postura!, ¿no es ejemplar?, no hay ninguna razón de golpearme con el bastón"; o bien "¡Ay!, ¡estas horas sin fin de la tarde!, puede ser que recibir un golpe de kyosaku me refrescara un poco."

Ahí el bastón de exhortación se habría convertido en un juguete.

Mirando hacia atrás toda nuestra vida parece ser una búsqueda de juegos y de juguetes. Eso ya comienza desde nuestro nacimiento; el primer juguete es el biberón; mas tarde son muñecas y osos; cuando somos mas mayores nos interesamos por los juegos mecánicos, por los aparatos fotográficos y por los coches; durante la adolescencia es el otro sexo; mas tarde los estudios y las investigaciones, las competiciones de todo tipo y el deporte. Todo esto, finalmente, no significa ninguna otra cosa mas que juguetes. Hasta nuestra muerte intercambiamos un juguete por otro y toda la vida no es otra cosa que "jugar".

Nuestro zazen, al contrario, es la realidad de la vida. Es el Yo solo que se convierte en su verdadero propio Yo. Aquí no hay mas juguetes. Llega a lo que llegará en el instante antes de nuestra muerte, cuando todos los juguetes desaparecerán. Incluso haciendo zazen buscamos constantemente un juguete, por lo menos por el momento. Desde que el kyosaku se aproxima se convierte en un juguete y el Yo no es el Yo. Es por este motivo que renunciamos al kyosaku durante el sesshin.

¿Pero que hacer si comenzamos a adormecernos durante nuestro sesshin en Antaiji? ¿Terminaremos por dormirnos sin el kyosaku?, que sirve para despertar a la gente cansada.

No hay que temer esto porque nadie dormirá a lo largo de las sesenta y dos horas de un sesshin de cinco días. Eso depende únicamente de vosotros; haced zazen tan bien como sea posible. No hace falta que os sintáis obligados. Es una práctica que depende únicamente de vosotros.

Puede suceder una cosa: estáis despiertos, pero os aburrís mortalmente. Para pasar el tiempo pensáis en algo y sobre eso os entretenéis con vosotros mismos. Sin embargo es insensato suponer que continuareis así hasta el fin. Cierto, hay personas que son capaces, pero si tenéis el espíritu sano es imposible. Durante un sesshin como el nuestro, donde hora tras hora el zazen se desarrolla en un silencio absoluto, os sentiríais muy incómodos y creeríais volveros locos. Esto es porque un cerebro normal no soporta atarse durante mucho tiempo a pensamientos imaginativos. Finalmente comprenderéis por vosotros mismos que es mejor dejar caer las ilusiones y volver hacia la buena postura de zazen. Dicho de otra manera, nuestro sesshin no está orientado por una fuerza exterior. Lo queráis o no llegaréis al punto donde el Yo encuentra la paz en él mismo.

Durante el sesshin yo mismo estoy, como los otros, cara al muro y no cara a los adeptos. Lo hago para cortar radicalmente toda relación de hombre a hombre, toda observación y toda vigilancia. Si hiciera mi zazen con la intención de vigilar a los otros no haría más que eso y probablemente perdería de vista mi propio zazen. Igualmente, si cada uno se sintiera observado por el otro, nuestro zazen terminaría como adhesión al otro, y no sería autentico.

Durante un sesshin, en Antaiji, no hay el menor rastro de enseñanza. Eso es porque nuestros participantes deben haber comprendido a priori cual debe ser su comportamiento interior. Por este motivo he profundizado anteriormente el tema hasta el detalle, tanto como me es posible; deseo que mis participantes en el sesshin lean y comprendan estos libros, de los cuales la presente obra forma parte. Si los interesados tienen aún cuestiones que plantear pueden fácilmente ir a encontrarme para informarse, pero fuera de sesshin.

Observo que las personas que han leído mis libros y que a continuación se deciden a hacer zazen son diferentes de aquellas que llegan sin conocimientos previos. Son numerosos quienes, viniendo, buscan comprender el zazen intelectualmente. Están imbuidos de teorías didácticas y, a menudo, vagas. Desearía que los dialécticos llegaran por su propia experiencia a la conclusión de que el zazen no tiene absolutamente nada de teórico sino que es cierta cosa que es preciso hacer. Es por lo que les exhorto todo el tiempo a fijarse en la práctica de zazen en la cual el sendero no es más que silencio.


Kosho Uchiyama (1912-1988) sucedió a Kôdô Sawaki a la cabeza de Antaiji tras su muerte en 1965. Al contrario de las grandes ceremonias funerales habituales, Uchiyama Rôshi decidió después de la muerte de Sawaki Rôshi dirigir una sesshin en su memoria de 49 dias de duración. Así, reafirmó la importancia que Sawaki Rôshi daba al zazen y que nunca puede ser reemplazado por rituales o ceremonias. La sesshin de 49 dias también se volvió el inicio de un nuevo "estilo Antaiji" de sesshin; sin charlas sobre el Dharma, sin lecturas de sutras, sin hablar, sin Kyôsaku y sin samu. Uchiyama es celebre por estas "sesshin sin juguetes", tal como el mismo las llamó, en silencio absoluto y a razón de catorce horas de meditación cotidiana. En este texto explica el sentido de estas sesshin.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Seshhin de primavera / The End







Fin del Sesshin. Cada día es un día, cada instante es aquí y ahora. Sucedimos juntos para pasar como todo pasa. Queda la intensa gratitud al Maestro Ryùnan Bustamante Zenji, A José y Marcela, a todos y cada uno de los compañeros de práctica.

Nos queda seguir transitando la vía cada vez más despojados, cada vez más claros, con más entrega.

"En la práctica está la verdad" dijo el maestro, y sólo llegamos a esa verdad practicando.

Gasshô

(Más fotos>>>>)

viernes, 2 de septiembre de 2011

SESSHIN

ZENDO SHÒRIN (Dojo Zen)


Miércoles, 07 de septiembre, 17:00 - Domingo 11 de septiembre, 14:00-

Calle Querandíes s/n entre J. de Garay y El Ceibo -Mar de las Pampas - Villa Gesell -Provincia de Buenos Aires -Argentina - 


Tel. 02255-477771 / zendoshorin@gmail.com

Ver "Qué es Un Seshhin"

lunes, 29 de agosto de 2011

Aquí y Ahora 12

 

Isidoro Blaisten
Apertura
Bajo Fondo & Fernando Santullo / Al viento
Gotas Zen / Maestro kodo Sawaki
Identificación
Ella Fitzgerald - Louis Armstrong / Autumn In New York
Identificación
Isidoro Blasisten / La Salvación
Santana / Soul Sacrifice
Identificación
Mercedes Sosa / Todo Cambia
Isidoro Blaisten / Balada del Boludo
Yo Yo Ma / Tango Suite -Allegro- (Piazzola)
Identificación
Gotas Zen / Maestro Kodo Sawaki
Tom Jobim / Favela
Cierre
Hannya Haramita

Gasshó

sábado, 20 de agosto de 2011

Fukanzazengi / Dogen

La Vía es fundamentalmente perfecta. Penetra todo. ¿Cómo podría depender de la práctica y de la realización? El vehículo del dharma es libre y despejado de todas las trabas. ¿En qué es necesario aplicar el esfuerzo concentrado del hombre? En verdad el Gran Cuerpo está más allá del polvo del mundo. ¿Quién podría creer que existe un medio de desempolvarlo? No es nunca distinto de cualquiera que sea, siempre exactamente allí donde esté.

¿Para que sirve ir aquí o allí para practicar?

Sin embargo, si hay una fisura, por muy estrecha que sea, la Vía queda tan alejada como el cielo de la tierra. Si se manifiesta la menor preferencia o la menor antipatía, el espíritu se pierde en la confusión. Imaginad a quien se pavonea de comprender y que se hace ilusiones de su propio despertar, entreviendo la sabiduría que penetra todas las cosas, une la Vía y clarifica el Espíritu y hace nacer el deseo de escalar el cielo mismo. Esta persona ha emprendido la exploración inicial ilimitada de las zonas frontales pero está todavía de forma insuficiente sobre la Vía vital de la emancipación absoluta.

 


¿Tengo yo necesidad de hablar de Buda, que estaba en posesión del conocimiento innato? Se siente todavía la influencia de los seis años que él vivió, sentado en loto en una inmovilidad total. Y Bodhidharma, la transmisión hasta nuestros días del sello, ha conservado el recuerdo de sus nueve años de meditación delante de una pared.

Si esto sucedía con los santos de la antigüedad, ¿como los hombres de hoy pueden quedar dispensados de negociar la Vía? Debéis en consecuencia abandonar una práctica basada en la comprensión intelectual, corriendo detrás de las palabras y ateniéndoos al sentido literal. Debéis aprender el giro que dirige vuestra luz hacia el interior, para iluminar vuestra verdadera naturaleza. El cuerpo y el espíritu se borrarán por sí mismos, y aparecerá vuestro rostro original.

Si queréis alcanzar el Despertar, debéis practicar el Despertar sin demora.


Para Zazen, conviene una habitación silenciosa. Comed y bebed sobriamente. Rechazad todo empeño y abandonad todos los asuntos. No pensad: "esto está bien, esto está mal". No toméis partido ni a favor ni en contra. Parad todos los movimientos del espíritu consciente.

No juzguéis los pensamientos ni las perspectivas. No tengáis ningún deseo de convertiros en Buda. Zazen no tiene absolutamente nada que ver con la posición sentada o la posición tumbada. En el sitio donde tenéis la costumbre de sentaros, extended una alfombrilla de paja y poned el zafu encima. Sentaos en loto o en medio loto. En la postura del loto, poned primero el pie derecho sobre el muslo izquierdo y el pie izquierdo sobre el muslo derecho.

Cuidad de aflojar vuestra ropa y vuestro cinturón, arreglándolos convenientemente.

Poned entonces la mano derecha sobre el pie izquierdo y la mano izquierda dirigida hacia arriba sobre la mano derecha; los extremos de los pulgares se tocan. Sentaos bien rectos, en la actitud corporal correcta, ni basculada a la izquierda, ni basculada a la derecha, ni hacia delante, ni hacia atrás.

Tened cuidado de que las orejas estén en el mismo plano que los hombros y que la nariz esté en la misma línea vertical que el ombligo. Poned la lengua pegada al paladar; la boca está cerrada; los dientes se tocan.
Los ojos deben quedar siempre abiertos, y debéis respirar suavemente por la nariz.

Cuando habéis conseguido la postura correcta, respirad profundamente una vez, inspirad y expirad. Basculad el cuerpo de derecha a izquierda e inmovilizaros en una posición sentada estable. Pensad en no pensar.

domingo, 14 de agosto de 2011

Zazen / La Atención Justa

Sin Errores en la Práctica de Zazen

Dôgen Zenji enseñó:

“Desde el comienzo de Zazen debemos descartar la relajación física y mental y la distracción”.

Efectivamente, durante Zazen podemos caer en dos estados perniciosos para la salud física y mental y totalmente contrarios al estado de vigilia de un Buda.

Por una parte podemos caer en un estado de relajación física y mental caracterizado por una gran actividad inconsciente, muy cercana al sueño, y por una falta de tono muscular. Este estado es llamado konchin en el Zen. Es un estado de somnolencia, de falta de claridad. La vigilancia se empaña y la conciencia se embrutece. El cuerpo pierde tono, la cabeza cae hacia adelante, los dedos pulgares se desploman y las manos yacen inertes. La respiración se vuelve totalmente inconsciente y se abandona a su propio ritmo.

Este estado debe ser evitado. El mejor método para ello es volver a una postura corporal justa: estirar la columna vertebral, fortalecer el tono muscular y especialmente no dejar que los ojos se cierren.

Por otra parte, podemos caer en un estado de distracción, de dispersión mental. Este estado es llamado Sanran en el Zen. Viene caracterizado por un tono muscular crispado y por una actividad mental muy excitada. Aparecen muchos pensamientos, muchas sensaciones, recuerdos, deseos… Esta es la actitud típica de los que piensan durante Zazen. A nivel corporal, la barbilla se escurre hacia arriba, los dedos pulgares también se encrespan y se tensan. Para evitar este estado debemos concentrarnos especialmente en una espiración larga y suave. Debemos depositar nuestra atención en el hueco de la palma de la mano izquierda y rehacer una postura corporal justa en general: recoger la barbilla y mantener la horizontalidad de los dedos pulgares.

Equilibrando nuestro cuerpo podemos equilibrar nuestra mente.

Dôgen Zenji enseñó:
“El Zazen del que yo hablo no es el aprendizaje de una técnica de meditación. Es el Darma de la Paz y de la Felicidad, la Practica-Realización de un Despertar Perfecto. Zazen es la manifestación de la Realidad Ultima. Las trampas y las redes del intelecto no pueden atraparlo. Una vez que hayáis comprendido su esencia, seréis parecidos al tigre cuando penetra en la selva y al dragón cuando penetra en el océano”.

sábado, 6 de agosto de 2011

Vacuidad / Shunryu Suzuki

Maestro Shunryu Suzuki
Para comprender bien el budismo, es necesario abandonar por completo toda idea preconcebida. Se ha de empezar por descartar la idea de la existencia o de que todo es substancial. La noción usual de la vida está basada firmemente en la idea de la existencia. Para la mayoría, todo existe; piensa que todo lo que ve y todo lo que oye existe. Desde ya, el pájaro que vemos y oímos existe, pero lo que quiero decir en este caso puede no ser exactamente lo mismo que lo que otro quiere decir. La comprensión budista de la vida incluye a la vez la existencia y la no existencia. El pájaro existe y no existe al mismo tiempo.

Para nosotros, la noción de la vida basada exclusivamente en la existencia es herética. Tomar las cosas demasiado en serio, como si existieran substancial o permanentemente, está considerado una herejía. Es posible que la mayoría sea herética. Para nosotros, la verdadera existencia viene de la vacuidad y vuelve nuevamente a la vacuidad. Lo que aparece a partir de la vacuidad es la verdadera existencia. Hay que pasar por el portón de la vacuidad. Esta idea de la existencia es muy difícil de explicar. Actualmente se comienza ya a sentir, por lo menos intelectualmente, la vacuidad del mundo moderno, la contradicción manifiesta de su cultura. En el pasado, por ejemplo, los japoneses sentían una firme confianza en la existencia permanente de su cultura y de su forma de vida tradicional, pero después de perder la guerra se han vuelto bastante escépticos. Hay quienes piensan que esta actitud escéptica es horrible, pero en realidad es preferible a la vieja actitud.

Mientras se tenga cierta idea definida del futuro o alguna esperanza respecto de éste, no es posible tomar totalmente en serio el momento actual. Se dirá "puedo hacerlo mañana o el año que viene", en la creencia de que algo que existe hoy existirá mañana. Aunque uno no está esforzándose mucho, se espera siempre que si se sigue cierto camino, se alcanzará algo prometedor. Pero no hay camino fijo que exista permanentemente. No hay un camino establecido para nosotros. Tenemos que encontrar el propio camino en todo momento. Cualquier idea o camino establecidos por otra persona, por muy perfectos que sean, no son el verdadero camino para nosotros.

Cada uno debe trazarse su verdadero camino y, una vez trazado, él expresará el camino universal. Éste es el misterio. Cuando se comprende cabalmente una cosa, se comprende todo. Cuando se trata de comprender todo, se acaba por no comprender nada. Lo mejor es entenderse uno mismo y así se comprende todo. En cambio, cuando uno se esfuerza en trazar su propio camino, ayuda a los demás y éstos lo ayudarán a uno. Antes de trazar el propio camino, no podemos ayudar a nadie, y nadie puede ayudarnos. Para ser independientes en el verdadero sentido, hay que descartar todo lo que se tiene en la mente y descubrir algo enteramente nuevo y diferente, momento tras momento. Asi es como se vive en este mundo.

Sostenemos, pues, que la verdadera comprensión proviene de la vacuidad. Cuando se estudia el budismo, se ha de hacer "una limpieza general de la casa". Se ha de sacar todo lo que se tiene en la mente y limpiarlo bien; si es necesario, puede volverse a poner todo en lugar. Quizás se quieran conservar muchas cosas, de modo que una por una habrá que reubicarlas en sus sitios. Pero si no son necesarias, no hay necesidad de quedarse con ellas.

Vemos el pájaro en vuelo. A veces se ve también el giro de su vuelo. En realidad, no se ve ese giro, pero nos parece que sí. Esto también es bueno. Si se juzga necesario, debe reponerse lo que se sacó del propio cuarto. Pero antes de poner algo, habrá que sacar algo. Si no lo hacemos, el cuarto se llenará de trastos viejos e inútiles.

Reflexionamos: "Paso a paso detengo el sonido del arroyo murmurante. Cuando se camina por la orilla del arroyo, se oye correr el agua. El sonido es continuo, pero uno debe ser capaz de interrumpirlo si lo desea. Esto es libertad, es renunciación. Se tienen varios pensamientos en la mente, uno tras otro; pero si uno quiere detener el pensar, puede hacerlo. Por lo tanto, cuando se es capaz detener el sonido del arroyo murmurante, se aprecia la sensación del propio esfuerzo. Pero mientras tenemos una idea fija o nos aferramos a alguna manera habitual hacer las cosas, no podemos apreciarlas en su verdadero sentido.

Cuando se busca la libertad, no puede encontrársela. La libertad absoluta misma ha de existir antes de que uno pueda obtener la libertad absoluta. Ésa es nuestra práctica. Nuestro camino no va siempre en la misma dirección. Unas veces se dirige al este, otras al oeste. Ir una milla hacia el oeste significa retroceder una milla al este. Generalmente, ir una milla hacia el este es lo contrario de ir una milla hacia el oeste. Mas si es posible ir una milla hacia el este, es natural que sea también posible ir una milla hacia el oeste. Esto es libertad. Sin esta libertad, no es posible concentrarse en lo que se hace. A veces se piensa que uno se concentra en algo pero, antes de lograr esta libertad, se siente cierto malestar en lo que se está haciendo. Como uno está sujeto a alguna idea de ir al este o al oeste, la actividad enfrenta una dicotomía o dualidad. Mientras se está sujeto a esta dualidad, no puede alcanzarse la libertad absoluta y uno no puede concentrarse.

La concentración no consiste en esforzarse por observar algo. En el zazén, si uno trata de mirar un punto fijo, se cansa después de cinco minutos aproximadamente. Eso no es concentración. Concentración significa libertad. Por eso el esfuerzo no ha de estar dirigido hacia algo. Uno debe concentrarse en la nada. En la práctica del zazén, se suele decir que la mente debe concentrarse en la respiración, mas para mantener la mente en la respiración,lo mejor es olvidarse completamente de uno mismo simplemente sentarse y sentir la respiración. Si se concentra en la respiración, uno se olvida de sí mismo; al hacerlo, la mente se concentra en la respiración. No sé qué cosa ocurre primero. Así, pues, en realidad no hay necesidad de esforzarse demasiado por concentrarse en la resplración. Lo práctico es hacer lo que esté al alcance de uno. Cuando se sigue esta práctica, finalmente se experimenta la verdadera existencia proveniente de la vacuidad.

Pag. 147/150 del libro "Mente Zen, Mente de Principiante" -Ed. Estaciones / 1º edición al Español 1987-

jueves, 21 de julio de 2011

Alan Watts


 
Alan Wilson Watts (6 de enero de 1915 16 de noviembre de 1973) fue un filósofo, escritor, conferenciante y experto en religión comparada. Fue mejor conocido como intérprete y popularizador de las filosofías asiáticas para la audiencia occidental.
Escribió más de veinticinco libros y numerosos artículos sobre temas como la identidad personal, la verdadera naturaleza de la realidad, la elevación de la conciencia, y la búsqueda de la felicidad, relacionando su experiencia con el conocimiento científico y con la enseñanza de las religiones y filosofías orientales y occidentales (Budismo Zen, Taoísmo, Cristianismo, Hinduismo, etc.)

"Me percibo a mi mismo como la personificación, la humanización de todo el Universo. En otras palabras, parezco ser el centro, el vórtice donde toda la energía del Universo se manifiesta como ser vivo. Un tipo de apertura a través de la cual el Universo se hace consciente de sí mismo"


Subtitulado en castellano por Sergi Cànovas.

miércoles, 13 de julio de 2011

Zen es Zazen / Ryùnan Bustamante Zenji



Fragmento del libro DE CARA AL MURO. Parte de alguno de los programejos de web radio titulado "Aquí y Ahora", emitidos desde este Blog, a los solos efectos de difundir la práctica de Zazen.

Gasshó

martes, 12 de julio de 2011

Zazen / Ryùnan Bustamante Zenji



Fragmento de algún Aquí y Ahora, programejo que se emite en exclusiva por este blog en el medio de la nada  (véase reproductor ahí al costado a su derecha).

Prueba con http://soundcloud.com/ para saciar inofensiva curiosidad (http://soundcloud.com/ku-lanada

Gasshó

miércoles, 6 de julio de 2011

Un Cuento Chino / Una Comedia Zen

"...¿Qué significa "pensar sin pensar"? Significa tomarse vacaciones de nuestro ser humano. Si te despides del mundo humano, tomarás la distancia necesaria para dirigir la vista hacia ti mismo y arrojar luz sobre ti mismo...."

Maestro Kodo Sawaki



¿Qué sentido tienen las cosas? las que nos ocurren , las que le ocurren a otros. ¿Qué sentido tiene la vida, qué lógica, cuál razón?

Como no somos capaces de dar las respuestas sugerimos esta comedia con brillante actuación de Ricardo Darín. Además de un buen momento de cine, cada cual podrá hacer sus asociaciones libres o no.

Ver ON LINE

Gasshó

miércoles, 29 de junio de 2011

Aquí y Ahora 11

 

Jaques Prevert

 59:51: Apertura
58:50: Patricia Kass / Le jour se lève
54:20: Gotas Zen / Maestro Taisen Deshimaru
51:19: Identificación
50:16: Florent Pagny / Ne me quitte pas (Brel)
46:20: En la Tienda de la Florista / Jaques Prevert
44:04: Zaz/ Le Long De La Route
40:38: Identificación
39:45: Todo se iba / Jaques Prevert
35:44: Enigma / Voyageur
31:24: Identificación
30:30: Para Barbara / Jaques Prevert
25:50: Django Reinhardt / My Serenade
22:45: Renaud / Le vieux Leon (Brassens)
19:14: Identificación
18:28: Para hacer el retrato de un pájaro / Jaques Prevert
14:54: Jean Luis Aubert / Demain la bas peut etre
11:42: Gotas Zen / Maestro Taisen Deshimaru
09:00: Aznavour-Piaf / Les Amants
05:09: Cierre
03:41: Hannya Haramita

Hay, aunque cueste creerlo, algunas personas que nos instan a que sigamos haciendo ruidos... a ellos, y especialmente a quienes no nos piden nada (ni que nos callemos de una vez por todas), Gracias.

Gasshó

sábado, 18 de junio de 2011

El zen es la mayor patraña de todos los tiempos (1)

Encontrarse a sí mismo y crear la propia vida.

Maestro Kodo Sawaki
Éste es mejor que aquél. ¿Puede en verdad decirse algo así? Cada uno de nosotros se eleva como la pared de un acantilado, lejos, hacia el cielo. Ahí no ha comparación posible: tú eres tú, yo soy yo. ¿Se ríen de ti porque eres un inútil? Todo lo que tienes que hacer es encontrarte a ti mismo. Descubre cuáles son tus fuertes. Erígete sólidamente sobre ti mismo, apóyate firmemente en ti mismo.

Maquillaje. ¿No reniegas de tu propio rostro cuando lo transformas en el de otra persona? De ese modo no pareces más que un espectro. El arte de maquillarse consiste en primer lugar en conocer y aceptar el propio rostro limpio, para luego resaltar sus particularidades por medio del maquillaje. El hombre de ciencia vive como hombre de ciencia, el trabajador manual como trabajador manual. Lo único que importa es hacer con nuestra vida lo mejor posible. No puedes desaprovechar el tiempo.

Si despertamos a nosotros mismos, entonces lograremos al fin hacer lo mejor con nuestra propia vida. Pero en esa tarea no hay descanso. Cada día hemos de empezar de nuevo. Te encuentras en continua evolución, pero en cada instante eres por completo tu auténtico yo. No es como una imagen en el lienzo. Es más bien como la luna en el agua. Se encuentra en constante movimiento, real sólo en este mismo instante. Por eso la pierdes fácilmente de vista. Pero ese instante es único, tan irrepetible como la vida entera. Si lo pierdes de vista, pierdes con él tu vida. ¿Y qué será entonces de lo que Sawaki tiene que decir aquí? Lo echas todo por tierra.

¿Practicas zazen desde hace cinco o diez años? ¡Y qué! Cada día has de buscar de nuevo tu camino. Si haces tuya la vía del Buda, advertirás que cambia día a día. ¿Cómo he de andar el camino eterno en este instante, en este caso? Tenemos que despertar de nuevo en cada instante, practicar de nuevo a cada instante. ¿Quién sabe si mañana seguiremos con vida? ¿Quién se acuerda aún de ayer? Lo verdaderamente importante es lo que hago en este momento. Mis pies tienen que sostenerse tan firmes en el suelo que por medio de ellos todo mi cuerpo se asiente en la tierra.

Seguir la vía del Buda significa dejar de imitar a los demás en todo. En la vía del Buda no puedes imitar a nadie, has de andarla tú mismo, de tu propia y genuina manera. Tampoco puedes imitar a nadie con respecto a la paz de espíritu, ¿cómo podrías imitar el satori de otra persona? Se trata de ti mismo, en este lugar, en este instante: ¿de qué te sirve apelar al satori de tu maestro? Es TU vida, ahí nada corre por cuenta de Buda. Practicar la vía del Buda significa crear tu propia vida, significa encontrar tu propio camino para vivir esta vida.
Lo que hoy en día se llama religión no son más que buenas palabras que no sirven para nada; palabrería huera, recitada de memoria, sin relación alguna con nuestra vida.

Escuchar las enseñanzas significa echar un poco de agua en una bomba vacía. Una persona corriente es como una bomba vacía: llena de aire no sirve para bombear agua del pozo. Pero si desde arriba se vierte agua en esa bomba, entonces empezará a bombear hacia arriba el agua del fondo. De esta manera, sale de nuevo de la bomba el agua que al comienzo se vertió. Y el agua que luego sale de la bomba no procede del maestro ni del Buda, sino de las profundidades del propio pozo.

Seguir la vía del Buda significa desplegar tu propia y genuina naturaleza.

Sería una necedad que Sawaki se pusiera la máscara del Buda Sakiamuni. Sawaki se hace por completo responsable de sí mismo. No se deja representar ni siquiera por Sakimuni ni por Maitreya. Pues lo que puede este Sawaki, no lo pueden ni Sakimuni ni Maitreya en su lugar. Si comprendes que dispones de algo que nadie puede reemplazar, en adelante vivirás tu vida sin ser una carga para nadie. Lo has tenido siempre. Es aquello que es lo más importante de ti mismo.  

El valor de una persona no se mide por lo que gana. ¿Cuál es entonces el verdadero valor de una persona? Si lo buscas, primero deberás encontrarte a ti mismo. Si uno se empeña en esta búsqueda,  ya ha dado de ese modo con la mayor fortuna que una persona puede tener. Intimar con uno mismo, ¿podría haber algo más grande que esto?

Como discípulos de Bodhidharma no aprendemos de otro. No practicamos como niños que toman clases de piano. Nuestro punto de partida es este cuerpo con cabeza, brazos y piernas. Hemos de preguntarnos constantemente si nuestra práctica no es algo distante o aprendido de memoria. Nuestra felicidad ha de consistir en encontrar firme apoyo en nosotros mismos: esto es lo que significa ser Buda.

¿Cuál es el objetivo de nuestra práctica? Basándonos en las enseñanzas de budas y patriarcas, redescubrirnos nuevamente cada día, en esta vida en la que cada día es el primero de todos. En esta vida ilimitada se trata de descubrirnos a nosotros mismos, de forma completamente nueva, sin imitar a nadie ni apelar a lo aprendido de memoria. ¡Créate a ti mismo! ¡Redescubre tu propia vida!

Extraído del libro "El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos", de Kodo Sawaki.
Traducido del alemán por el equipo de Traductores de Luz Serena.

Kodo Sawaki ha sido uno de los más grandes maestros de la historia moderna del Zen japonés. Popularmente se le conocía con el nombre de "Kodo sin morada" ya que se negó siempre a vivir en un templo y prefirió recorrer el país, viajando siempre solo, enseñando zazen en las cárceles, en las fábricas, en las universidades, allí donde hubiera alguien deseoso de oír el Darma y de practicarlo. Dio clases en la Universidad Zen de Komazawa, fue educador en el segundo monasterio Soto de Japón, el famoso Soji-ji. Su enseñanza podría ser resumida en dos puntos: exactitud en la práctica de zazen y estudio constante del Shobogenzo del Maestro Dogen. Murió en 1966, después de haber enseñado durante toda su vida a laicos y monjes. Su cuerpo fue entregado por deseo suyo a la Facultad de Medicina de Tokyo.
Entre sus principales discípulos destacamos a Shuyu Narita Roshi, Kosho Uchiyama Roshi, Suzuki Kakuzen Roshi y Taisen Deshimaru Roshi.